El arte de jalbegar

En una de las rutas de senderismo que realizamos el pasado mes de agosto, pasamos por una cantera de materia prima para jalbegar. Este verbo despertó mi curiosidad pues no sabía qué era y gracias a la colaboración de nuestra vecina de verano Sagrario, lo pude descubrir en todo su esplendor.

Jalbegar, o enjalbegar, es blanquear las paredes con cal, yeso o tierra blanca, según la RAE. Es decir, lo que comúnmente conocemos por pintar. Pero no es solo pintar, no. Jalbegar requiere la paciencia y el tesón de las tareas bien hechas, hechas con amor. Porque para mantener las paredes en pie, hay que jalbegar con la piel de un cordero (o similar), a mano, poco a poco, cuidando cada detalle y cada esquina, para impedir que se desconchen . Y así lo hace año tras año Sagrario, en los últimos años con pintura al temple, pero siempre con la piel que lleva usando muuuchos años. El resultado, se puede ver en las imágenes: unas paredes impolutas, llenas de texturas y espectadoras de innumerables historias de varias generaciones con el brillo del primer día.

En resumen, jalbegar es un arte, y más en los tiempos que corren, de inmediatez y globalización. Donde, si queremos algo, lo buscamos a golpe de click “para ya”, y muchos buscan lo mismo al mismo tiempo. Y este arte hace que en nuestro “ya”, en nuestro presente, podamos respirar el saber hacer de antaño, el origen de nuestras raíces y nuestra historia. Porque para saber hacia dónde ir, primero hay que saber de dónde venimos.

¡Bravo, Sagrario, por mantener este patrimonio material e inmaterial!

Muchas gracias por abrirnos las puertas de la casa de tu madre con tanta hospitalidad y alegría.

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